Domingo, Noviembre 29, 2020

Firefox necesita su electrolisis… ¡pero ya!

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Alguien me pedía hace unos días que publicase un artículo comentando mis aplicaciones esenciales, favoritas, etc., para el trabajo y el ocio. Tal vez algún día lo haga, pero de momento puedo adelantar lo que seguramente ya os imagináis, y es que mi aplicación indispensable en cualquier situación es el navegador web. Y mi navegador web ha sido casi siempre Firefox, incluso desde antes de llamarse por ese nombre. Pero soplan nuevos vientos en Internet y Firefox se está haciendo viejo, necesita reaccionar.

Lo que más me gusta del navegador de Mozilla es lo que representa como alternativa libre, sus posibilidades de configuración a nivel de interfaz y que lo llevo utilizando muchos años, lo conozco muy bien. Bueno, y su “superbarra” de navegación, lo mejor en su categoría. El problema es que estos aspectos, poco a poco, dejan de tener la importancia de otros. Por ejemplo, no me importa que, se ha confirmado, Firefox haya incluido un plugin privativo por defecto, dentro de la propia aplicación; aunque me parece un movimiento muy feo e inexcusable. Pero lo desactivo y punto, como la nueva publicidad basada en historial.

Tampoco me importa que Firefox quede detrás de Chrome en prácticamente todos los tests de rendimiento y compatibilidad que hay salvo excepciones, porque unas milésimas de segundo arriba o abajo son imperceptibles; como tampoco me aflige el hecho de aguantar un arranque digno de un dinosaurio trasnochado hasta en el hardware más potente. En serio, no me importa. Estas cosas apenas se notan en el uso diario.

Sí me molesta que los desarrolladores pasen olímpicamente de integrarlo en KDE Plasma, que no sincronice mis motores de búsqueda o los grupos de pestañas guardados en Panorama, o que en pleno 2015 todavía no ofrezcan webapps en condiciones… o sin condiciones, ya que estamos: con los accesos directos de Chrome, Midori, rekonq, Epiphany… me conformaría (sí, hay alguna extensión para eso que funciona de pena). Esto ya se padece.

Lo que ha impulsado este nuevo abandono del barco -no es la primera vez que dejo aparcado a Firefox un tiempo, ni será la última, supongo- ha sido el rendimiento del navegador. En ciertos escenarios, es muy interesante que Firefox consuma muchos menos recursos que -por compararlo con “la bestia”- Chrome, pero si no se corresponde con una mejor experiencia de uso… lo dicho: solo para ciertos escenarios, esto es, ordenadores con el hardware justo y poco carga de trabajo.

Entiendo que precisamente en la glotonería de Chrome radica su poder, y sin embargo no me parece excusa. No me es comprensible que Chrome, con varias decenas de pestañas abiertas y consumiendo alrededor de los 4 GB de RAM, vuele en comparación a Firefox, que con la mitad de carga y consumiendo la mitad de memoria se traba, va a golpes o le da por explotar. Lo último no es común, pero pasa. Por otro lado, los recursos están para ser utilizados. (Cuando hablo del rendimiento y velocidad de Firefox, es en referencia a la respuesta de la interfaz, no a la carga de las páginas).

Así que mientras Firefox se pone un poco las pilas en el tema del rendimiento, introduce el multiproceso –Electrolysis; están en ello- y pule algunas asperezas que lleva arrastrando durante bastante tiempo -no pierdo la esperanza-, me mudo a… ¿lo habéis adivinado? Pues sí, para qué andarse con medias tintas. No descarto probar con Opera, o Vivaldi cuando esté más maduro.

Termino con una plegaria al cielo: Mozilla, por favor, pon el foco de atención donde corresponde. Firefox OS no te va a salvar la papeleta en el PC, y está por ver que lo haga en su terreno.

 

Imagen: Flickr

Fuente: muylinux

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