Lunes, Marzo 25, 2019

Mi primer ordenador

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En atención a un buen colega del blog, contaré algunas anécdotas que me ocurrieron al principio, más exactamente, en verano de 1998, cuando por primera vez me decidí a comprarme mi primer PC.

Un ordenador de las Galletas

Fui con un compañero del restaurante, un uruguayo llamado Alejandro, en nuestro día libre, a Las Galletas, un bonito pueblo del sur de Tenerife a ver algunas torres. Todo el mundo hablaba de compus e internet y me picó el gusanillo.

Bueno, no me compliqué mucho. El primer PC que me mostró me convenció aunque mis exigencias eran mínimas porque no tenía pajolera idea de ordenadores. Mientras me explicaban las especificaciones, por el rabillo del ojo miraba a Alejandro y su cara demostraba más sorpresa que la mía porque tampoco tenía idea de informática.

Total, me lo compré. No recuerdo mucho, pero era un clon, un PC montado con el hardware que al de la tienda le vino en ganas. Creo, repito, creo, que el procesador era AMD, quizás Athlon, lo que se es que se calentaba mucho. El PC constaba con dos unidades de CDROM, una ranura para disquettes, 500 MB de RAM y creo que un disco duro de 40 o 20 GB.

A la torre aún le quedaban unos retoques, pero tardarían en montarlo e instalar el sistema operativo (?). Me preguntó donde vivía y le dije que en Playa Paraíso, a unos 20 kms. de Las Galletas. Allí, me dijo, conocía un restaurante chino y que a las 21:00 horas pasaría un chico con un coche amarillo a dejarme el PC frente a ese restaurante. Quedamos.

Nervioso, a las 20:00 horas ya estaba sentado enfrente del chino mirando los coches que subían y bajaban la cuesta, deseoso de por fin, tener un ordenador. Pero allá a las 21:00 horas un coche amarillo se para frente al restaurante. Me acerco, abro la puerta de la derecha, y sonriente, me metí dentro. Me dice el chico:

-Oiga, ¿usted que hace?

_¿No me traes el ordenador? -Pregunté

-¿Que ordenador?

_Vale, es que me dijeron que me traerían mi ordenador en un coche amarillo a las 21:00 horas -Le dije

-Este coche es verde, muchacho. Estoy esperando a mi parienta, que trabaja en el chino.

Salí del coche abochornado. Mi daltonismo me traicionó de nuevo. Un ridículo que aún no he superado.

Al final, el coche que traía mi equipo llegó a las 21:30 y aunque paró frente al restaurante chino, esperé a que me pitara un par de veces para asegurarme que era el coche correcto.

Esa noche no dormí entre unas cosas y otras. Ya tenía ordenador, pero no internet. Eso fue otra historia.

El internet

Era junio cuando me compré el PC. Traía Windows 95, y mirad que era feo pero eran las ganas que tenía de comenzar con este mundo que hasta me parecía bonito. Sin embargo, no había internet en el bloque donde vivía.

Llegó julio, pasó agosto, llegamos a septiembre. En la cocina del restaurante donde trabajaba había una mujer, Doris, también de Uruguay que se burlaba de mi porque no tenía internet y ella sí. Me daba mucha envidia. Resulta que el cable de Telefónica llegaba frente al bloque donde yo vivía, a unos dos metros pero tenían que dar el visto bueno a los técnicos para traer el cable a nuestro bloque.

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Todos los días llamaba a Telefónica a dar la tabarra para cansarlos. Pues pasaba que en la casa que hacía esquina, estaba alquilada por un chico belga, de color y todos los días pasaba por la ventana y lo veía sentado con el ordenador. Tenía internet y yo no.

Un día, como casi siempre, volví a llamar a Telefónica y me daban largas, me explicaban siempre lo mismo, que estaba en proyecto alargar la conexión. Entonces le dije que por qué yo, siendo español y blanco no tenía conexión y que había un chaval negro que sí tenía internet. A la operadora le entró hasta tos y después risas. Doris, en la cocina, chillaba de las carcajadas, me llamaba pelotudo. Os tengo que decir algo antes de sacar conclusiones que, bueno, pueden parecer obvias pero no lo son. Nunca he sido racista, he tenido y tengo amigos de todos los países, de todas las razas y religiones y me conocen perfectamente. Lo dije más bien por una mezcla de rabia, envidia y humor. La misma Doris, que va a leer esto puede dar fe de todo lo que digo. Mis mejores amigos eran latinos y marroquíes.

Fue a finales de septiembre cuando por fin me conectaron internet. El PC tenía un módem de esos que cuando alguien te llamaba por teléfono, se cortaba la conexión. Una conexión de 56 k. Con eso lo digo todo. Llegó octubre y empezaron a aparecer los primeros virus y cuelgues de Windows. Honestamente digo que era mayor el miedo a los virus que la existencia real porque tan sólo me vi afectado una y única vez. El escritorio se me llenó de documentos o archivos que se extendía por todo el sistema. No me acuerdo del nombre del virus pero no me interesa. En aquel tiempo tenía un primo hermano viviendo en el norte de la isla y un día me llamó. Me dijo que tenía el mejor antivirus. Hizo algo para que me conectara a su PC y durante varios días me transfirió mediante FTP, 3 CDs. Era una cosa que se llamaba Red Hat 5.1.

Ese fue el comienzo de una gran amistad.

Pasado el tiempo, ya con GNU/Linux, fue cuando me pasó lo del hacker, una historia para desternillarse, que se puede ver aquí.

 

Fuente: maslinux

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